


En Madrid de los años 80, no mucho después de la muerte de Franco, la droga se convertía en un asunto de preocupación universal. Me acuerdo bien de anuncios grandes en el metro con fotos de un anzuelo enorme y la advertencia: “¡No te enganches!”
Ahora, unos veinte años más tarde, imaginen mi sorpresa al despertarme una mañana con la imagen de aquel anzuelo en mis pensamientos. Vivimos cerca del Río Mississippi en los Estados Unidos de América. Soy madre de dos hijos jóvenes, y uno de mis desafíos diarios es precisamente la defensa contra sugestiones mentales agresivas. Hago un esfuerzo específico cada mañana para lograr que mi primer pensamiento sea uno de claridad: de esperanza, de protección y de armonía para el día que se aproxima, resistiendo cada sugestión mental de lo contrario y reconociéndola como falsedad que no tiene poder alguno.
Cuando vi aquella sugestión mental del anzuelo grande, me di cuenta inmediatamente de lo que tenía que hacer. Primero, sabía que tenía que rechazar el “cebo del día”: la tentación de preocuparme por la salud de mi hija. Declaré que aquel anzuelo inmóvil no poseía la capacidad de tocarme a mí ni a ella tampoco. Además, no existía ninguna fuerza que podía obligarnos a tragárnosla.
¡No quedaba duda de que aquella imagen era nada más que una sugestión mental! Y, con igual certeza, pude ver que la enfermedad lo es también. En lugar de dejarla “tirarme” hacia el temor, fue una oportunidad para trazar una línea muy clara entre el “cebo” desagradable y yo.
Unos segundos más tarde, mi hija entró corriendo y me contó rápidamente cuántos pañuelos descartables había usado durante la noche. Me lo contó tres veces porque yo no le respondía. En realidad, yo estaba preparando una respuesta basada en mi oración. Pronto le conté lo contenta que estaba de verla así, tan entusiasmada, y que estaba contemplando su perfección. Luego la invité a leer la lección bíblica de la Ciencia Cristiana conmigo.
Nos turnamos con la lectura, y luego seguí con las preparaciones para la escuela, velando por los pensamientos que venían a mi. Tenía ganas de presenciar la curación y no quería darle entrada a ninguna influencia errónea.
Al llegar a la escuela, le dije a mi hija que estaba muy agradecida por su entusiasmo y que la secretaria de la escuela me había asegurado que ella podía asistir a pesar de la cantidad de pañuelos descartables que estaba usando. Le dije que sabía que iba a pasar un día de otoño maravilloso y períodos de recreo muy divertidos. (Aquí quisiera añadir que su hermano averiguó más tarde que ella había disfrutado tanto del recreo que se le oía por todo el patio, improvisando una canción acerca de bebés de unicornio.)
Mientras ellos disfrutaban de las actividades escolares, se me presentó una oportunidad de resistir la atracción del anzuelo. Esta vez, el “cebo” parecía un poco más fuerte. Tenía dolor de cabeza y tenía ganas de dormir la siesta en lugar de dedicarme a mis responsabilidades. Empecé a taparme en una cama muy cómoda cuando la imagen del anzuelo regresó a mi pensamiento, y reconocí que la cama no era más que un disfraz, y ciertamente no quería bajar la guardia a sugestiones de debilidad ni de fracaso. Me levanté con la certeza de que podía confiar mi propia salud al mismo tipo de oración científica que me había traído un sentido de paz y libertad aquella mañana.
Me recordé a mí misma que estoy protegida contra ataques de cualquier tipo porque dispongo de la autoridad para rechazar el cebo, sea lo que sea. Tampoco corro el riesgo de “engancharme” por accidente. Puede que algo me apeteciera en un momento dado, pero esta ilusión pierde toda atracción al reconocer que la fuerza que me tira hacia abajo no es más que un anzuelo feo, una sugestión enmascarándose de nuevo.
Al final del día, me di cuenta de que sí me había curado del dolor. Había jugado con los niños en un montón de hojas del bosque después de su llegada en el autobús. ¡Hasta les había permitido que me contaran cuentos y que cantaran más allá de la hora de acostarse! Y, por sobre todo, todos estábamos conscientes del cuidado de Dios para con cada uno de nosotros, porque no nos impresionaba para nada la imagen del enorme anzuelo vacío.
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Kathryn Hosmer Thompson, C.S.
Illinois, Estados Unidos
Dic
8
Dios omnipotente, omnisciente y omnipresente es la Causa y origen de toda la sustancia. En la Ciencia, yo soy la imagen, la manifestación consciente de Dios, por lo tanto, yo no soy material y no dependo de la materia. En realidad, yo soy espiritual y perfecto. Soy completo, representando y expresando armoniosamente todas las ideas correctas que emanan de mi maravilloso Padre-Madre, la Mente divina y Universal.
Conozco mi verdadera identidad de que soy UNO con la Mente divina, y soy inseparable de la Causa omniactiva. Como la idea brillante de la Verdad divina, de la Mente infinita que gobierna todo, estoy ocupando mi lugar perfecto. Estoy posicionado y ungido por la Mente, de cuya creación procedo. Por eso, son parte integrante de mi ser, las cualidades de inteligencia, sabiduría, honestidad, sinceridad, transparencia, humildad, creatividad, originalidad, receptividad, equilibrio emocional, capacidad ilimitada y la salud.
Soy eterno y tan indestructible como el Padre-Madre, y vivo para siempre, como idea divina en la conciencia de la Mente única y verdadera. Por lo tanto, no estoy sujeto a la materia, a sus creencias de ciclos, ni a las falsas leyes de la herencia, medicina, decadencia, inseguridad, sentimiento de inferioridad, de carencia y otros argumentos sugeridos por la mente carnal.
Soy completo, capaz, e infinitamente eficiente. Ocupo totalmente mi lugar aquí y ahora, por eso nunca estoy sujeto a ningún tipo de confusión mental, errores de decisión, nerviosismo, estancamiento, retrocesos, cambios sin objetivo práctico o que no contribuyan al progreso tanto mío como de mi familia, de las actividades profesionales e incluso de la Iglesia. Por ser la expresión consciente, completa y siempre activa de la Vida inmutable y perenne, desconozco la escasez, las limitaciones y la incapacidad. Soy consciente sólo del orden, la abundancia y del desarrollo armonioso del plan del Amor divino para mí, hoy mismo y para siempre.
Soy la manifestación completa, receptiva y diligente de las ideas activas de la Mente que es Principio divino infalible y ley eterna. Toda idea divina es original, genuina y magnífica. Estas ideas originales son manifestadas a través de mí por medio de Su naturaleza inextinguible.
Como evidencia de la única Mente y del Alma vivo feliz, alegre y para siempre dentro de mi Padre-Madre, Dios. Mis actividades profesionales encuentran cada día maravillosas oportunidades de progreso, tanto en el ámbito humano como en el divino. Esta es la Verdad divina que rige mis pensamientos y mis acciones, y me hace receptivo a muchas bendiciones y éxitos.
Soy capaz de mantener la Verdad divina constantemente. Soy UNO con Dios, la Mente, la Vida, el Principio, el Alma. Por lo tanto, yo comprendo el hecho espiritual de Causa perfecta y efecto perfecto. Y eso constituye verdadera oración, que es “Emanuel”, o sea Dios conmigo. Soy consciente del contenido de esta oración que es ley irreversible de armonía y de progreso. Esta oración curará todo tipo de enfermedad, miedo a la enfermedad, miedo al fracaso, miedo al futuro, o cualquier otro tipo de miedo. Estoy consciente de que soy la evidencia del Alma, hermosa y suprema y, por lo tanto, tengo dominio sobre cualquier tipo de sugestión de manipulación mental, de sugestión mesmérica o de impulsos para pecar. Esta oración es el advenimiento del Cristo, del mensaje divino, actuando tanto en mí como en todos los que trabajan conmigo o con quien vaya a tener contacto hoy o en otro momento.
Esta oración me dirige y por medio de ella tengo coraje moral para “vivir y reinar con Cristo mil años” (Apocalipsis 20:4) y me probará ser la segunda venida del Cristo, la Verdad a la humanidad. La consciencia-Cristo actúa en mí, y por medio de mí cura y regenera espontáneamente todo lo que necesita ser curado y regenerado.
Este tratamiento científico cortará los lazos de limitaciones, carencias y todo pensamiento negativo y hostil. Hará brotar en mí ideas originales y productivas que traerán provisión diaria y me abastecerán de sustancia que se auto multiplica, así como también a mis cuentas bancarias y a mi hogar con los tesoros infinitos e inagotables de Dios.
Esta oración está actuando como ley divina de progreso que cancela, para siempre, toda presunta acción del magnetismo animal. Mi oración es la presencia activa de la única consciencia-Cristo que actúa en mí y por medio de mí. Esta consciencia-Cristo aniquila y destruye todo tipo de malapráctica ignorante o intencional, toda maldición, todo odio; sobre mí, sobre mi familia, mi empresa y mi entorno de trabajo donde actúo; como una bendición para la humanidad, reflejando al Cristo sanador.
Este reconocimiento consciente del Cristo que opera en mí y a través de mí, traerá a mi vida alegría, pureza, orden, paz, armonía, salud, integridad. El Cristo aniquila y disipa, para siempre, toda mediocridad, avaricia, lamento y queja, crítica, tristezas y resentimientos, así como la mala práctica inconsciente.
Esta oración científica actúa ahora mismo y para siempre aplastando las estocadas del miedo, de la depresión o del éxito embriagante, del remordimiento, de dolores repentinos y los síntomas transmitidos por asuntos médicos. Mi saber consciente reconoce que está en comunión constante con la Causa divina, y eso removerá la máscara de la vejez, las creencias de la pérdida de fuerzas y de debilitamiento mental, y revelará en mí la eterna juventud y felicidad sin fin. Disipará mi pasado no armonioso y cualesquiera episodios que parezcan ser fantasmas desaparecerán para siempre revelando mi glorioso y enteramente feliz presente que se prolonga de un modo continuo e inalterable, puesto que está sustentado por la Ciencia Cristiana, “la ley de Dios, la ley del bien, que interpreta y demuestra el Principio divino y la regla de la armonía universal.” (Rudimentos de la Ciencia Divina, pág. 1:1).
Mi discernimiento espiritual claro y continuo está garantizado por esta oración científica y constituye “…el camino mediante Cristo, la Verdad,”… y “con la llave de la Ciencia divina…” me abrirá y mantendrá activa la percepción de que soy “erguido, puro y libre” (Véase Ciencia y Salud con Clave de las Escrituras, pág. 171) a imagen y semejanza de Dios. Estoy consciente de que existo como la idea completa y soy la evidencia constante del Principio divino. La Mente divina, de la cual soy la consciente emanación, mantiene todo lo que me dice respecto de su inequívoca jurisdicción, hoy y para siempre. Cada pensamiento, cada acción, mi ser entero, es la expresión activa, tierna e inteligente del Dios vivo. Estoy consciente de que soy inseparable de la Causa y de su acción perfecta e inamovible. Yo soy UNO con DIOS. YO sé, que YO sé, que YO lo sé.
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Orlando Trentini, C.S.B.
Minas Gerais, Brasil
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Visite el sitio web del Sr. Trentini: www.trentinicsb.com
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Traducción libre del artículo escrito originalmente en portugués por Orlando Trentini C.S.B. y publicado en su sitio


