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Mar
19
La Ciencia Cristiana define a Dios como el “GRAN YO SOY”, el Ser único, eterno, infinito, que es todo sabiduría, todo acción armoniosa, todo amor, todo sabiduría. Este gran Yo Soy, se expresa por medio de siete sinónimos que definen Su Naturaleza: MENTE, ALMA, ESPIRITU, VERDAD, AMOR, VIDA, PRINCIPIO.
Naturalmente, siendo DIOS el único creador del Hombre y del Universo, imparte en ellos esta Naturaleza Divina.
Todo aquel que emprende el estudio de esta Ciencia, puede experimentar, en la medida en que comprende y desarrolla en sí mismo estos nuevos conceptos, grandes cambios en su vida y por ende, en todo el entorno en que ella se desarrolla.
Cuando comencé el estudio de esta Ciencia, trabajaba en una empresa multinacional, entrando ya en lo que humanamente se llama edad madura. Realizaba mis tareas en el area de sistemas de contabilidad, que en esos momentos eran manuales o semi mecánicos.
Comenzaba en esos momentos en nuestro país, la “era” de las computadoras. Como la empresa crecía de una manera muy notable, obviamente emprendieron la reforma de todos sus sistemas contables y de control, adoptando los nuevos métodos que las nuevas técnicas ofrecían. Esto causó gran inquietud en el personal, principalmente en aquellas personas que llevaban muchos años trabajando en ese lugar. Yo no fui la excepción. La inquietud y el temor a ser despedido, ya que las reformas requerían personal especializado, se apoderaron de mí. En esos momentos, la Ciencia Cristiana fue mi tabla de salvación. Profundicé mucho más mi estudio sobre la naturaleza de Dios y yo como su hijo muy amado. Aprendí que el sinónimo Mente es inteligencia infinita, sin límites, sin edad. La condición humana asume la inteligencia como limitada a unos pocos años de vida, y luego comienza a decaer hasta extinguirse. Vemos en los periódicos, que se solicitan servicios para cubrir empleos, personas que no excedan de los treinta y cinco o cuarenta años de edad. Esta condición, por lo general, causa mucho desaliento y desesperanza en las personas que han superado esa edad.
Apoyándome en lo que aprendía en la Ciencia Cristiana e identificándome permanentemente con esa Inteligencia o Mente, o sea Dios, mi primera gran sorpresa fue que la empresa, muy lejos de desplazarme o despedirme, me brindó la oportunidad de emprender el estudio de estos nuevos sistemas. Otro gran desafío se me presentó. Debía emprender mis estudios junto a otros compañeros, la mayor parte de ellos, estudiantes universitarios y muy jóvenes, por cierto.
Nuevamente la Ciencia Cristiana vino en mi auxilio. Aprendí que la inteligencia no tiene edad ni medidas, que no está encerrada en un órgano llamado cerebro. El trabajo fue arduo por muchos meses, ya que debía atender mis tareas habituales durante algunas horas, concurrir a los cursos y tomar tiempo para estudiar. Pero a medida que transcurría el tiempo sentía un gran cambio en mi manera de pensar y encarar los problemas que a diario se me presentaban, obviamente, siempre recurriendo a Dios en busca de respuestas y soluciones. Cada examen que rendía, obtenía excelentes puntajes.
El momento culminante de esta experiencia se presentó en oportunidad de rendir uno de los exámenes finales, el más complicado. La noche antes del examen, dando un repaso general a todos los temas, de pronto tuve la sensación de haber olvidado todo. Me negué a aceptalo, cerré todos los libros y me entregué por completo a Dios. Al día siguiente, me presenté a dar el examen, siempre por supuesto en oración a Dios. Leía cada una de las preguntas y las respuestas fluían abundante e incesantemente. Escribí durante dos horas y media sin detenerme. Al siguiente día, en el momento de recibir los resultados de este examen, la instructora me pidió que me retirara unos minutos del aula. Pensé que todo me había salido mal. Pero con gran sorpresa de mi parte, llegaron dos instructores quienes me saludaron y felicitaron muy efusivamente pues era el único que había rendido el examen con un puntaje excelente.
A esta experiencia siguieron muchas más a lo largo de los muchos años que trabajé en esta empresa. Hubo muchos cambios, pero en todos, guardando en mi pensamiento el hecho de que el hombre refleja la inteligencia Divina, salí siempre airoso.
Poco tiempo antes de jubilarme, ocurrió otro cambio muy grande debido al crecimiento de la empresa. Llegaron personas expertas en comunicaciones e ingeniería de sistemas.
Fui trasladado a otro sector. Pero esta vez, lejos de estar temeroso e intranquilo, muy agradecido a Dios por las experiencias vividas y todo lo que había aprendido en todos esos años, acepté el nuevo cargo hasta mi retiro.
Es de notar, que todo el progreso y aprendizaje lo llevé a cabo en el mismo lugar. No fue necesario cambio alguno para progresar, Lo único que fue cambiando constantemente, fue mi punto de vista material por un punto de vista más espiritual.
Hoy, ya disfrutando de mi jubilación, puedo disponer de todo mi tiempo para trabajar por la Causa de la Ciencia Cristiana.
Puedo asegurar ahora, que el siguiente párrafo que aparece en el libro de texto de la Ciencia Cristiana, Ciencia y Salud con Clave de las Escrituras, escrito por la Sra. Mary Baker Eddy, se ha cumplido en alguna medida en mi experiencia particular: “Un conocimiento de la Ciencia del ser, desarrolla las posibilidades latentes del hombre. Extiende la atmósfera del pensamiento, dando a los mortales acceso a regiones más altas y más amplias”. 1
1 Ciencia y Salud, Pág. 128: 15-18
Antonio Omar Blando, practicista
Buenos Aires, Argentina
Feb
16
Hace unas semanas, mi esposa y yo tuvimos la oportunidad de asistir al seminario o taller “The Divine Economy” (Título original en inglés), presentado en Houston por The Principle Foundation y dictado magistralmente por el joven ejecutivo de esa fundación, Eric Bashor.
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Fue una excelente idea tratar este tema sugerido por personas que se encuentran afectadas de alguna manera por el clima que se vive en la economía material, caracterizada por la pérdida de muchos empleos, ejecuciones de las hipotecas de las viviendas, caída de la bolsa de valores y otras situaciones que parecen alterar el bienestar del ser humano al crear un clima de incertidumbre y temor.
El propósito de este taller bíblico fue explorar las citas bíblicas que ayudan a comprender cómo “La Economía Divina” nos puede ayudar a enfrentar los retos actuales en el mundo material de la “Economía humana”.
Comenzó con la cita de Génesis 1, donde las Escrituras nos presentan que todo lo creado por Dios es bueno y lleno de abundancia.
Posteriormente y con la participación de todos los presentes, Eric iba anotando en dos columnas diferentes los atributos y características de la Economía Divina y de la Economía material para llegar a la comprensión plena de que en las manos de Dios Padre-Madre todo es rectitud, armonía, prosperidad, verdad inmortal, fuente inagotable e infinita, mientras que en las manos del hombre mortal separado de Dios nada es duradero ni seguro.
La Biblia contiene pasajes maravillosos que nos muestran la abundancia divina presente aun en las circunstancias más adversas como el maná caído del cielo para alimentar a los hijos de Israel en el desierto de Sinaí 1 , o cómo Jesús pudo alimentar a cinco mil personas partiendo de tan solo cinco panes de cebada y dos peces 2.
Necesitamos elevarnos a una consciencia espiritual como lo hizo Cristo Jesús para poder llegar a la comprensión de que en Dios todo es posible, y que el hombre, hecho a su imagen y semejanza, refleja todos sus atributos, por lo tanto vive una vida de abundancia ilimitada.
Mary Baker Eddy nos recuerda en Ciencia y Salud con Clave de las Escrituras que “El Amor divino siempre ha respondido y siempre responderá a toda necesidad humana. No está bien imaginarse que Jesús demostró el poder divino sanador sólo en beneficio de un número selecto o de un tiempo limitado, puesto que a la humanidad entera y a toda hora el Amor divino suministra todo el bien”.3
1 Éxodo 16:1-35
2 Juan 6:1-14
3 Ciencia y Salud pág. 494:11-17
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Carlos Machado, practicista
Texas, Estados Unidos
En Madrid de los años 80, no mucho después de la muerte de Franco, la droga se convertía en un asunto de preocupación universal. Me acuerdo bien de anuncios grandes en el metro con fotos de un anzuelo enorme y la advertencia: “¡No te enganches!”
Ahora, unos veinte años más tarde, imaginen mi sorpresa al despertarme una mañana con la imagen de aquel anzuelo en mis pensamientos. Vivimos cerca del Río Mississippi en los Estados Unidos de América. Soy madre de dos hijos jóvenes, y uno de mis desafíos diarios es precisamente la defensa contra sugestiones mentales agresivas. Hago un esfuerzo específico cada mañana para lograr que mi primer pensamiento sea uno de claridad: de esperanza, de protección y de armonía para el día que se aproxima, resistiendo cada sugestión mental de lo contrario y reconociéndola como falsedad que no tiene poder alguno.
Cuando vi aquella sugestión mental del anzuelo grande, me di cuenta inmediatamente de lo que tenía que hacer. Primero, sabía que tenía que rechazar el “cebo del día”: la tentación de preocuparme por la salud de mi hija. Declaré que aquel anzuelo inmóvil no poseía la capacidad de tocarme a mí ni a ella tampoco. Además, no existía ninguna fuerza que podía obligarnos a tragárnosla.
¡No quedaba duda de que aquella imagen era nada más que una sugestión mental! Y, con igual certeza, pude ver que la enfermedad lo es también. En lugar de dejarla “tirarme” hacia el temor, fue una oportunidad para trazar una línea muy clara entre el “cebo” desagradable y yo.
Unos segundos más tarde, mi hija entró corriendo y me contó rápidamente cuántos pañuelos descartables había usado durante la noche. Me lo contó tres veces porque yo no le respondía. En realidad, yo estaba preparando una respuesta basada en mi oración. Pronto le conté lo contenta que estaba de verla así, tan entusiasmada, y que estaba contemplando su perfección. Luego la invité a leer la lección bíblica de la Ciencia Cristiana conmigo.
Nos turnamos con la lectura, y luego seguí con las preparaciones para la escuela, velando por los pensamientos que venían a mi. Tenía ganas de presenciar la curación y no quería darle entrada a ninguna influencia errónea.
Al llegar a la escuela, le dije a mi hija que estaba muy agradecida por su entusiasmo y que la secretaria de la escuela me había asegurado que ella podía asistir a pesar de la cantidad de pañuelos descartables que estaba usando. Le dije que sabía que iba a pasar un día de otoño maravilloso y períodos de recreo muy divertidos. (Aquí quisiera añadir que su hermano averiguó más tarde que ella había disfrutado tanto del recreo que se le oía por todo el patio, improvisando una canción acerca de bebés de unicornio.)
Mientras ellos disfrutaban de las actividades escolares, se me presentó una oportunidad de resistir la atracción del anzuelo. Esta vez, el “cebo” parecía un poco más fuerte. Tenía dolor de cabeza y tenía ganas de dormir la siesta en lugar de dedicarme a mis responsabilidades. Empecé a taparme en una cama muy cómoda cuando la imagen del anzuelo regresó a mi pensamiento, y reconocí que la cama no era más que un disfraz, y ciertamente no quería bajar la guardia a sugestiones de debilidad ni de fracaso. Me levanté con la certeza de que podía confiar mi propia salud al mismo tipo de oración científica que me había traído un sentido de paz y libertad aquella mañana.
Me recordé a mí misma que estoy protegida contra ataques de cualquier tipo porque dispongo de la autoridad para rechazar el cebo, sea lo que sea. Tampoco corro el riesgo de “engancharme” por accidente. Puede que algo me apeteciera en un momento dado, pero esta ilusión pierde toda atracción al reconocer que la fuerza que me tira hacia abajo no es más que un anzuelo feo, una sugestión enmascarándose de nuevo.
Al final del día, me di cuenta de que sí me había curado del dolor. Había jugado con los niños en un montón de hojas del bosque después de su llegada en el autobús. ¡Hasta les había permitido que me contaran cuentos y que cantaran más allá de la hora de acostarse! Y, por sobre todo, todos estábamos conscientes del cuidado de Dios para con cada uno de nosotros, porque no nos impresionaba para nada la imagen del enorme anzuelo vacío.
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Kathryn Hosmer Thompson, C.S.
Illinois, Estados Unidos
Ene
8
En mayo de 2006 volví a mi Iglesia filial, Ciudadela. Pude notar la emoción de quienes me vieron entrar, probablemente tan sorprendidos como cuando tomé la decisión de retirarme. Atrás quedaban doce años de haberme desvinculado de toda actividad en la Ciencia Cristiana. .
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Previo a ese tiempo de ausencia, el estudio diario de la Biblia junto con Ciencia y Salud con Clave de las Escrituras por Mary Baker Eddy, y su aplicación en lo cotidiano, me permitieron crecer como persona, formar una familia y desempeñar cargos de responsabilidad dentro del movimiento.
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Producto de la voluntad humana, y no de la oración, me alejé voluntariamente de la Ciencia Cristiana la cuál me había tratado como uno de sus hijos más amados. Pasaron los citados doce años y las circunstancias hicieron, gracias a Dios, que estuviera de vuelta sintiéndome no como el hijo pródigo que vuelve, sino como en los brazos del Padre misericordioso que me recibe. Fueron tiempos en los que necesité de mucha mansedumbre para entender que Dios nunca dejó de amarme, en los cuales siempre tuve en cuenta las palabras de la Sra. Eddy que cita en su libro de texto: “El Amor, fragante de generosidad, baña todo en belleza y luz. La hierba bajo nuestros pies silenciosamente exclama: “Los mansos heredarán la tierra”. 1 .
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Esa mañana de mayo que volví a la Iglesia después de tanto tiempo de ausencia, al finalizar el oficio dominical y al retirarse la mayoría de quienes asistieron al mismo, me senté en el salón de recepción en uno de sus cómodos asientos y permanecí unos minutos en silencio recibiendo a manera de caricia el cálido sol que atravesaba el frente vidriado, fue algo maravilloso, apenas descriptible, me sentí feliz… estaba de nuevo en casa.
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1 Ciencia y Salud, pág. 516:12-15
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Horacio Colombo
Buenos Aires, Argentina
Dic
8
Dios omnipotente, omnisciente y omnipresente es la Causa y origen de toda la sustancia. En la Ciencia, yo soy la imagen, la manifestación consciente de Dios, por lo tanto, yo no soy material y no dependo de la materia. En realidad, yo soy espiritual y perfecto. Soy completo, representando y expresando armoniosamente todas las ideas correctas que emanan de mi maravilloso Padre-Madre, la Mente divina y Universal.
Conozco mi verdadera identidad de que soy UNO con la Mente divina, y soy inseparable de la Causa omniactiva. Como la idea brillante de la Verdad divina, de la Mente infinita que gobierna todo, estoy ocupando mi lugar perfecto. Estoy posicionado y ungido por la Mente, de cuya creación procedo. Por eso, son parte integrante de mi ser, las cualidades de inteligencia, sabiduría, honestidad, sinceridad, transparencia, humildad, creatividad, originalidad, receptividad, equilibrio emocional, capacidad ilimitada y la salud.
Soy eterno y tan indestructible como el Padre-Madre, y vivo para siempre, como idea divina en la conciencia de la Mente única y verdadera. Por lo tanto, no estoy sujeto a la materia, a sus creencias de ciclos, ni a las falsas leyes de la herencia, medicina, decadencia, inseguridad, sentimiento de inferioridad, de carencia y otros argumentos sugeridos por la mente carnal.
Soy completo, capaz, e infinitamente eficiente. Ocupo totalmente mi lugar aquí y ahora, por eso nunca estoy sujeto a ningún tipo de confusión mental, errores de decisión, nerviosismo, estancamiento, retrocesos, cambios sin objetivo práctico o que no contribuyan al progreso tanto mío como de mi familia, de las actividades profesionales e incluso de la Iglesia. Por ser la expresión consciente, completa y siempre activa de la Vida inmutable y perenne, desconozco la escasez, las limitaciones y la incapacidad. Soy consciente sólo del orden, la abundancia y del desarrollo armonioso del plan del Amor divino para mí, hoy mismo y para siempre.
Soy la manifestación completa, receptiva y diligente de las ideas activas de la Mente que es Principio divino infalible y ley eterna. Toda idea divina es original, genuina y magnífica. Estas ideas originales son manifestadas a través de mí por medio de Su naturaleza inextinguible.
Como evidencia de la única Mente y del Alma vivo feliz, alegre y para siempre dentro de mi Padre-Madre, Dios. Mis actividades profesionales encuentran cada día maravillosas oportunidades de progreso, tanto en el ámbito humano como en el divino. Esta es la Verdad divina que rige mis pensamientos y mis acciones, y me hace receptivo a muchas bendiciones y éxitos.
Soy capaz de mantener la Verdad divina constantemente. Soy UNO con Dios, la Mente, la Vida, el Principio, el Alma. Por lo tanto, yo comprendo el hecho espiritual de Causa perfecta y efecto perfecto. Y eso constituye verdadera oración, que es “Emanuel”, o sea Dios conmigo. Soy consciente del contenido de esta oración que es ley irreversible de armonía y de progreso. Esta oración curará todo tipo de enfermedad, miedo a la enfermedad, miedo al fracaso, miedo al futuro, o cualquier otro tipo de miedo. Estoy consciente de que soy la evidencia del Alma, hermosa y suprema y, por lo tanto, tengo dominio sobre cualquier tipo de sugestión de manipulación mental, de sugestión mesmérica o de impulsos para pecar. Esta oración es el advenimiento del Cristo, del mensaje divino, actuando tanto en mí como en todos los que trabajan conmigo o con quien vaya a tener contacto hoy o en otro momento.
Esta oración me dirige y por medio de ella tengo coraje moral para “vivir y reinar con Cristo mil años” (Apocalipsis 20:4) y me probará ser la segunda venida del Cristo, la Verdad a la humanidad. La consciencia-Cristo actúa en mí, y por medio de mí cura y regenera espontáneamente todo lo que necesita ser curado y regenerado.
Este tratamiento científico cortará los lazos de limitaciones, carencias y todo pensamiento negativo y hostil. Hará brotar en mí ideas originales y productivas que traerán provisión diaria y me abastecerán de sustancia que se auto multiplica, así como también a mis cuentas bancarias y a mi hogar con los tesoros infinitos e inagotables de Dios.
Esta oración está actuando como ley divina de progreso que cancela, para siempre, toda presunta acción del magnetismo animal. Mi oración es la presencia activa de la única consciencia-Cristo que actúa en mí y por medio de mí. Esta consciencia-Cristo aniquila y destruye todo tipo de malapráctica ignorante o intencional, toda maldición, todo odio; sobre mí, sobre mi familia, mi empresa y mi entorno de trabajo donde actúo; como una bendición para la humanidad, reflejando al Cristo sanador.
Este reconocimiento consciente del Cristo que opera en mí y a través de mí, traerá a mi vida alegría, pureza, orden, paz, armonía, salud, integridad. El Cristo aniquila y disipa, para siempre, toda mediocridad, avaricia, lamento y queja, crítica, tristezas y resentimientos, así como la mala práctica inconsciente.
Esta oración científica actúa ahora mismo y para siempre aplastando las estocadas del miedo, de la depresión o del éxito embriagante, del remordimiento, de dolores repentinos y los síntomas transmitidos por asuntos médicos. Mi saber consciente reconoce que está en comunión constante con la Causa divina, y eso removerá la máscara de la vejez, las creencias de la pérdida de fuerzas y de debilitamiento mental, y revelará en mí la eterna juventud y felicidad sin fin. Disipará mi pasado no armonioso y cualesquiera episodios que parezcan ser fantasmas desaparecerán para siempre revelando mi glorioso y enteramente feliz presente que se prolonga de un modo continuo e inalterable, puesto que está sustentado por la Ciencia Cristiana, “la ley de Dios, la ley del bien, que interpreta y demuestra el Principio divino y la regla de la armonía universal.” (Rudimentos de la Ciencia Divina, pág. 1:1).
Mi discernimiento espiritual claro y continuo está garantizado por esta oración científica y constituye “…el camino mediante Cristo, la Verdad,”… y “con la llave de la Ciencia divina…” me abrirá y mantendrá activa la percepción de que soy “erguido, puro y libre” (Véase Ciencia y Salud con Clave de las Escrituras, pág. 171) a imagen y semejanza de Dios. Estoy consciente de que existo como la idea completa y soy la evidencia constante del Principio divino. La Mente divina, de la cual soy la consciente emanación, mantiene todo lo que me dice respecto de su inequívoca jurisdicción, hoy y para siempre. Cada pensamiento, cada acción, mi ser entero, es la expresión activa, tierna e inteligente del Dios vivo. Estoy consciente de que soy inseparable de la Causa y de su acción perfecta e inamovible. Yo soy UNO con DIOS. YO sé, que YO sé, que YO lo sé.
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Orlando Trentini, C.S.B.
Minas Gerais, Brasil
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Visite el sitio web del Sr. Trentini: www.trentinicsb.com
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Traducción libre del artículo escrito originalmente en portugués por Orlando Trentini C.S.B. y publicado en su sitio


