Artículos y Mensajes Inspirativos

de la Ciencia Cristiana




88162901La mayoría de la gente probablemente estaría de acuerdo en que les gustaría controlar más su manera de pensar. Admitirían que se dejan influir muy fácilmente por fuerzas y actitudes externas que parecen estar fuera de su control. ¿Es realmente posible llegar a dominar nuestros propios pensamientos y liberarnos de las influencias externas?

Recientemente, al leer la Biblia, me impresionó la manera tan independiente en que vivía Cristo Jesús. Por cierto que no vivía aislado de los demás. Estaba en el mundo, no obstante, repetidas veces el Maestro se negó a aceptar la sutil influencia de la manera de pensar prevaleciente. Mantuvo su libertad espiritual para vivir y actuar como el Hijo de Dios. Él sabía que su afectuoso Padre da sólo lo bueno a Sus hijos. Jesús ayudó a sus seguidores a ver que ellos también eran herederos de la bondad de Dios por ser Sus hijos e hijas. Les mostró que podían oponerse a las presiones mundanas y, en cambio, poner su manera de pensar y de vivir bajo la jurisdicción de la ley divina, la cual nos protege del mal.

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¿Pueden imaginarse lo alentador que sería tener a alguien que les dijera con persuasiva autoridad espiritual que vuestro afectuoso Padre jamás los tendría sujetos a la enfermedad y el peligro? No es de maravillarse que la gente acudiera a Jesús en busca de curación, y los relatos del evangelio nos dicen que Jesús no tenía ningún temor al tratar con toda clase de enfermedad.

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Una curación en particular demostró en qué medida estaba completamente libre de temor ante los síntomas físicos. Un leproso pidió ayuda al Maestro en su aflicción. Se acercó a Jesús y le rogó: “Señor, si quieres, puedes limpiarme”. Sin vacilar, Jesús, movido por el amor, tocó al hombre, y le dijo: “Quiero, sé limpio”. Leemos que inmediatamente el leproso quedó limpio. La total convicción que tenía Jesús del poder de Dios eliminó el temor del hombre y le restauró su salud y libertad.

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El Cristo, la Verdad, ejemplificado por Jesús de manera tan suprema, aún está aquí para sanarnos cuando nos vemos frente a una enfermedad contagiosa. El contagio no sólo evoca temor, sino que se alimenta de él. No obstante, no tenemos porqué ser abrumados por un sentido de desamparo cuando comprendemos algo de la ley espiritual de Dios, la cual nos salvaguarda contra el daño. Mediante la oración nos acercamos a Dios y paso a paso podemos comprender Su bondad y amor.

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La naturaleza mental de la enfermedad contagiosa y su tratamiento al recurrir a Dios en oración, es uno de los puntos más básicos en el descubrimiento que hizo la Sra. Eddy de la Ciencia Cristiana. En un ensayo intitulado “El contagio”, en Escritos Misceláneos, ella observa: “Todo lo que el hombre ve, siente, o que de alguna manera percibe, tiene que ser captado por la mente; puesto que la percepción, la sensación y la consciencia pertenecen a la mente y no a la materia”. Y continúa: “El consentimiento común es contagioso, y hace contagiosa la enfermedad”. Su experiencia en la curación espiritual le había enseñado que debido a que Dios es el bien, el bien es verdaderamente más poderoso y más “contagioso” que el mal. Nos beneficiaría a todos nosotros comprender que, de hecho, la bondad y la salud son “contagiosas”.

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Pude comprobar la verdad de estas declaraciones, de una manera modesta en mi propia experiencia, cuando sané de paperas. Mi hermana me había pedido que la ayudara cuando sus hijos estaban padeciendo de la enfermedad. Me quedé con la familia, entreteniendo a los niños con juegos e historietas, y ayudando a mi hermana en sus quehaceres hasta que sanaron. Después, yo tenía todos los síntomas de la enfermedad. Me quedé estrictamente a solas. Pero tenía que salir en un viaje de negocios esa semana, y había mucho trabajo que terminar antes de salir. Así que hice esfuerzos vigorosos para enfrentar esta enfermedad por medios espirituales.

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Recurrí a Dios en oración. Recordé algunas de las ideas del artículo de la Sra. Eddy sobre el contagio. Me di cuenta de que debido a que Dios es por cierto omnipresente, ninguno de Sus hijos está jamás fuera de Su afectuoso cuidado. En otras palabras, me negué a dar mi consentimiento a esta imposición. Al principio tuve una verdadera batalla mental con el temor y el dolor, pero comprendí que, como idea espiritual de Dios, yo estaba influida totalmente por la bondad de Dios. Continué negando firmemente la realidad de la enfermedad, y vi que bajo la luz de la realidad espiritual sólo podía contagiarme del bien.

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Para el final del día sentí que la opresión del temor iba desapareciendo. El dolor disminuyó y la hinchazón desapareció. Pude seguir adelante con mi trabajo. A la mañana siguiente, estaba completamente libre de la dificultad. Por cierto, todo el escenario parecía como una pesadilla de la cual había despertado llena de gratitud. Estaba agradecida a Dios no sólo por la curación, sino por lo que me había enseñado en cuanto a la creación espiritual de Dios, la cual siempre está presente para ser discernida.

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La promesa de la Ciencia Cristiana es que, mediante un cristianismo más profundo, percibimos que nuestra vida está gobernada por Dios, que mantiene nuestra identidad espiritual a salvo en el Amor divino. Podemos mantenernos alerta mentalmente y no dar consentimiento a la enfermedad. En efecto, no tiene causa, historia o realidad en el hecho espiritual y científico de la totalidad de Dios. La certidumbre del Amor omnímodo actúa como una ley, en la cual se puede confiar.

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Tu misericordia está delante de mis ojos,

y ando en tu verdad.

Salmo 26:3

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Ann Kenrick

Artículo publicado originalmente en El Heraldo de la Ciencia Cristiana de abril de 1992



ReflejoAlgún tiempo frecuenté los escritos de Khalil Gibran. Y como cosecha de recuerdos, acude hoy a mi memoria uno de sus relatos. El poeta libanés lo tituló “El rey sabio”. Se cuenta allí el enloquecimiento de una población al beber de su único manantial previamente emponzoñado por un enemigo. Al principio sólo el rey y su chambelán se abstienen de esa agua. Sólo ellos conservan la cordura. Pero al fin también beben. Evitan así el ser destronados. Sus súbditos comenzaban ya a acusarles de locos ineptos para el gobierno.

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La historia me hace reflexionar.

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También la presente humanidad parece haber bebido de esa agua que hace habitar lejos de la realidad natural. Es sentirse en una dimensión imaginaria, fuera del Paraíso de lo razonable. Aquí el líquido envenenado es como la fruta sugerida por la serpiente tentadora. 1

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Los humanos ya no son conscientes del “universo” de la Verdad sino de lo “diverso” del error. La droga suministrada nos ha cambiado el centro. Ya no es el Uno sino la división, la dualidad. Y así todo se percibe como “descentrado”, a años luz de la armonía.  Quien ha de gobernar debe abstenerse de ese líquido y de sus consecuencias hipnóticas. Y esa es la misión del hombre. Ha sido creado para regir el universo. 2

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Pero si se permanece fiel a la realidad, la confrontación con el mundo se convierte en ineludible. Entonces, el apego al poder, aunque esté desprovisto de su auténtica finalidad (establecer en la felicidad), empuja a apurar la copa del engaño. Ya es demencial síntoma, oponer tanta resistencia a sentirse exiliado de este territorio de locos. Resistir a la ilusión y aferrarse a la bondadosa y única visión del principio es la solución. 3

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Cuando recuerdo al “rey sabio” y a su chambelán, se me agiganta la figura del maestro de Nazaret.  La sabiduría de este mundo es aceptar los pensamientos mayoritarios aunque sean disparatados. La del Cristo, practicada por Jesús, es la única e infinita bondad del Todo. Una visión que permanece perfectamente armoniosa sin inicio ni fin. Sólo el mantenerse en la eterna enseñanza del primer capítulo del Génesis 4, ayuno de aguas empantanadas, puede despertar a la humanidad de su loco sueño y negra pesadilla. 5 Hoy el mundo intenta aplacar su sed. Pero sólo bebe de manantiales contaminados que nunca sacian. Y como la samaritana del pozo claman sin saberlo por el agua viva. 6

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Individuos no hipnotizados, como Jesús, se hacen imprescindibles. Hombres y mujeres que ni acepten como buena la sabiduría del “rey” de Khalil Gibran, ni vean lo sugerido por el líquido envenenado. ¿Ha pasado ese tiempo? ¿Nos encontramos en la era de los “reyes sabios”? ¿Nos vemos abocados a llamar normal a lo que es locura? ¿Tenemos que soportar como nuestra natural herencia al mal en todas sus diversas variantes?
¡No! Y hay que gritar alegres y sin dudas esta negación. Porque todos -sin excepción alguna-  somos esos hombres plenos de perfección. Otros diferentes nunca fueron creados.

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Como a regidores de la creación  se nos dotó de todo lo necesario para cumplir con nuestra alta misión. Ni nunca el agua envenenada nos tocó, y es la fuente de la misma Vida la que nos fortalece para un combate ya ganado.

Y lo más importante: la ilusión no nos puede hipnotizar porque sólo tenemos una sola Mente para contemplar la armoniosa realidad.

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1 Génesis 3:1-6

2 Génesis 1:28

3 Ciencia y Salud pág. 495:17

4 Génesis 1:31

5 Ciencia y Salud pág. 476:34-7

6 Juan 4:15

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José Rodríguez Peláez, practicista
Alhaurín El Grande, España
www.rodriguezpelaezcs.org



Bosque¿Puede usted pasar un invierno sin el riesgo de contraer una gripe? Cada vez con más frecuencia nos instan a vacunarnos y se nos dice que con la edad es más necesario hacerlo.

Pero como informó en el año 2001 un epidemiólogo que trabaja en un sector del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, las vacunas contra la gripe sólo son eficaces entre un 30 y un 70 por ciento de las veces, en personas de más de 65 años. Mientras que entre la gente más joven y más sana, está entre el 70 y el 90 por ciento. “Uno quiere hacer lo que sea necesario para ayudar a disminuir el riesgo de contraer la gripe, tanto para uno como para alguien cercano”, dijo la Dra. Carolyn Buxton Bridges. 1

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Sin embargo, cuando usted busque la mejor forma de disminuir los riesgos de contraer la enfermedad, no descarte la ayuda espiritual.

Las enseñanzas de Jesús dicen que entender a Dios, el Espíritu universal, es a la vez un poder sanador y una protección. Su ministerio sugiere que él entendía profundamente el significado de las palabras del salmista: “Cercano está Jehová a todos los que le invocan, a todos los que Le invocan de veras. Cumplirá el deseo de los que le temen; oirá asimismo el clamor de ellos, y los salvará. Jehová guarda a todos los que le aman”. 2

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Un día amanecí con síntomas de gripe. Por la tarde sentí ganas de irme a la cama, pero como tenía que estar en una reunión esa noche, me di cuenta de que necesitaba orar para sanarme. Al considerar los hechos básicos sobre quién es Dios y de qué manera hemos sido creados para expresar Su naturaleza bondadosa, fui teniendo la convicción de que la ayuda de Dios estaba a la altura de cualquier emergencia. Nunca se me ocurrió cancelar la reunión.

Parte de mi oración la formaban pasajes tales como éste de Ciencia y Salud con Clave de las Escrituras: “Sed firmes en vuestra comprensión de que la Mente divina gobierna y que en la Ciencia el hombre refleja el gobierno de Dios”3

Por la noche ya estaba bien, y no necesité guardar cama.

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Un par de años más tarde, los síntomas reaparecieron. Estaba conduciendo por una zona rural de camino a una reunión que tenía en el sur del estado. Así que oré de una manera similar a la que había orado antes, reconociendo para mí mismo que Dios es bueno y no crea la enfermedad. Afirmé que el Espíritu divino es perfecto y que, por lo tanto, somos espirituales y perfectos. “Por esa razón”, me dije, “los síntomas de gripe no forman parte de nadie, por lo cual no pueden amenazarme ni tener control sobre mí”.

Continué razonando de esta manera y para cuando llegué a la reunión los síntomas habían desaparecido. Ese fue el fin , tanto de los resfríos como de la gripe. Desde entonces, las pocas veces en que las señales de un resfrío han aparecido, mi oración se ha encargado de ellos tan rápidamente que casi no los recuerdo.

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Cuando nos tomamos la costumbre de afirmar estos hechos espirituales sobre la naturaleza de Dios y de qué manera nos creó, no sólo nosotros nos sanamos sino que también estamos preparados para sanar a otros que soliciten nuestras oraciones. Mary Baker Eddy escribió, refiriéndose a Dios como Verdad y Amor: “Mantened la mente tan llena de Verdad y Amor, que el pecado, la enfermedad y la muerte no puedan entrar en ella… Los buenos pensamientos son una armadura impenetrable; revestidos de ella, estaréis completamente protegidos contra los ataques de toda clase de error. Y no sólo vosotros estaréis a salvo, sino que también se beneficiarán todos aquellos en quienes pensáis”. 4

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Seguir este consejo es una manera práctica de detener la gripe. No tiene efectos secundarios peligrosos y puede ayudar también a amigos y vecinos. Cuando los pensamientos desbordan con la convicción del amor de Dios, benefician naturalmente a los demás y, al ayudar a otros, uno también es bendecido.

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1 Véase “Physicians Call For Change in Flue Vaccine Recommendations“, por John Cutter, WebMDHealth.

2 Salmos 145:18-20.

3 Ciencia y Salud con Clave de las Escrituras, pág. 393.

4 La Primera Iglesia de Cristo, Científico -y- Miscelánea, pág. 210.

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Robert A. Johnson
Artículo publicado originalmente en El Heraldo de la Ciencia Cristiana, ejemplar julio de 2002



83273070Al estudiar la Biblia, se ve que Jesús curó lo que hoy es conocida como enfermedad infecto-contagiosa. En una ocasión, curó un caso aislado de lepra 1 y en otra curó diez personas simultáneamente 2. La Ciencia Cristiana revela que Jesús fue el hombre que comprendió y demostró la idea-Cristo, un poder divino y actuante en el pensamiento humano. Él demostró a toda la humanidad lo que es ser hijo de Dios y el potencial divino inherente a esa filiación, que incluye la inmunidad espiritual del ser.

Lo que había en común entre esas personas que fueron curadas es que, más allá de que buscasen purificación espiritual, procuraban una cura completa de un mal considerado incurable en la época. Una agravante era la condición a la cual esas personas quedaban sujetas: aislamiento total y desprecio de la sociedad. La curación cristiana, preconizada por Jesús, probó que para Dios no existe caso perdido ni imposibilidades. Tal hecho adviene del desdoblamiento natural de la ley divina, el bien, que prueba la actividad actual y perenne del Cristo, que trae consuelo y salvación universal.

La Ciencia Cristiana enseña que Jesús era dotado del Amor divino en tal medida, que reconocía a cada individuo solamente como un hijo perfecto de Dios. Tal fundamento crístico estaba solidificado en la comprensión que él mantenía acerca de su propia identidad, una idea de Dios inmaculada, completa, inmune, libre del miedo y de cualquier imposición material. Cuando él afirmó: “Yo y el Padre uno somos”  3 incluyó a toda la humanidad, sin excluir a nadie. Mary Baker Eddy escribió en su obra principal: “Jesús veía en la Ciencia al hombre perfecto, que aparecía a él donde el hombre mortal y pecador aparece a los mortales. En ese hombre perfecto el Salvador veía la semejanza misma de Dios, y esa manera correcta de ver al hombre sanaba a los enfermos.” 4


Como el más exitoso sanador, Jesús es el modelo para la curación cristiana. Si la habilidad de curar por la Ciencia divina fuese una dispensación individual, Jesús no hubiera dicho que todos lo que creyesen en él realizarían las mismas obras que él, y otras mayores aún. Jesús no solo demostró la inmortalidad de la Vida divina por su resurrección y ascensión, sino que también prometió la continuidad del Consolador, lo que confirió eternidad a la idea-Cristo. Hace 143 años la Ciencia Cristiana viene revelando a la humanidad que el Cristo es actual, omnipresente, omnipotente, habla a la consciencia humana, salva y libra de todo mal. Así como Cristo Jesús enseñó en todas sus palabras y obras, la Ciencia Cristiana también revela la curación cristiana como un hecho continuo y atemporal.

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Ponderando sobre la curación de los leprosos, ¿qué los llevó a que buscasen a Jesús? Ellos estaban en búsqueda de purificación física y mental. Jesús no dio ningún diagnóstico, ni hizo preguntas sobre el estado de salud de aquellas personas, porque mantenía el saber consciente acerca de todas las cosas y de cada ser como expresión de la perfección de Dios. Tal hecho es una ley divina que puede ser científica y constantemente demostrada por la curación de cualquier enfermedad.

Cuando el leproso se aproximó a Jesús y le dijo: “Señor, yo sé que puedes curarme, si así lo quieres”, Jesús, compadecido, respondió: “… ¡Sí! Quiero. Estás curado” 5.

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Como en aquella época, el poder sanador cristiano inconmensurable e infinito está presente en la actualidad, en este preciso momento, y alcanza a todos, en cualquier lugar, sea cual fuere la situación que tengamos que enfrentar.

Pude comprobar eso en 1990, cuando oré para reconocer la perfección e inmunidad inherentes a mi ser, como hijo perfecto y completo de Dios. La Ciencia Cristiana enseña que la curación proviene de la acción divina y que no hay ninguna necesidad de diagnóstico material. Pero en esa época, consulté la opinión de un especialista con la finalidad de alinear la defensa mental en mis oraciones, para anular las pretensiones erróneas, específicas del caso. Aprendí que se trataba de herpes zóster, popularmente conocido en algunos países como culebrilla o culebrina, manifestado en la región del abdomen y que, según el diagnóstico, era un tipo diferenciado de herpes que ataca a personas con baja inmunidad, pero que, en contrapartida, tenía la característica de “inmunizar” a aquellos infectados por este virus. No obstante, podría durar y causar dolor insoportable durante años.

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Delante de este diagnóstico, continué confiando absolutamente en la oración para obtener una curación, sin usar ningún recurso medicinal. Como resultado, no sentí dolores, ninguna fibra nerviosa o músculo fue afectado. Recuerdo que uno de los elementos fundamentales de mi oración fue reconocer la pureza inherente a mi ser. También vencí el miedo del contagio y resistí la tentación de mirar para las zonas afectadas para ver si la curación ya se había completado. En pocos días los bultos sobre la región rojiza de la piel desaparecieron por completo, y no volvieron.

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La curación a través del Cristo es completa, pues elimina el miedo y la inercia mental. La Ciencia Cristiana enseña que el principal elemento para alcanzar la curación a través de la oración es el pensamiento convencido, que no acepta el falso cuadro material de una coyuntura sin esperanza de curación. Al leer los relatos bíblicos siento que, al verse frente a situaciones que, por la opinión general, suscitaban pavor, desaliento y desprecio, Jesús mantenía el pensamiento elevado y dejaba que el Cristo, la actividad divina infalible y omniactiva, se ocupase del caso, y por eso la curación ocurría.

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La inmunidad de cada persona es espiritual e intrínseca al ser completo, creado por Dios. Como todos reflejan a Dios, para infectar “el reflejo”, sería necesario primero atacar al original, lo que sería imposible. La inmunidad espiritual es un atributo que el hombre posee por reflejar la inmortalidad divina. En esa base, la Ciencia Cristiana establece la totalidad de Dios y la nulidad de la materia. El desdoblamiento natural del bien, tal como la curación de los leprosos, es algo divino y natural, por lo tanto factible y demostrable, a todo momento. La inmunidad individual y colectiva está sustentada por la universalidad de la actuación del Cristo.

Este concepto más elevado, divino y permanente de inmunidad, fundado en el Cristo vivo, eterno y atemporal, es una ayuda presente en un momento en que los medios de comunicación sugieren una posible pandemia de la gripe A (H1N1), que está siendo conocida como gripe porcina. Sin embargo, podemos descansar en la certeza de la presencia y actividad individual y universal de la idea-Cristo, que destruye el miedo de contagio. A través de la oración, optamos por confiar en la realidad espiritual que garantiza la inmunidad de la creación de Dios, en vez de confiar en un cuadro material que presenta peligro de contaminación.

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Regocijémonos en Dios, que por Su Cristo vivo y actual, garantiza salud e inmunidad verdaderas y permanentes para la humanidad.

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1 Marcos 1:40-45

2 Lucas 17:11-14

3 Juan 10:30

4 Ciencia y Salud con Clave de las Escrituras, Pág. 476

5 Marcos 1:40-41

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Jackson Guterres dos Santos
Porto Alegre, Río Grande do Sul, Brasil.

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Traducción libre del original en portugués titulado “Imunidade: uma visão corretiva”, publicado por la revista El Heraldo de la Ciencia Cristiana en Portugués – O Arauto da Ciência Cristã



rabino2En marzo, el Rabino David Louis, de Kiryat Gat, Israel, hizo un notable relato de una curación en la Reunión de Testimonios del mediodía en el edificio original de La Iglesia Madre. En las semanas siguientes, el Rabino Louis se encontró con varios de sus nuevos amigos en la Iglesia y en La Sociedad Editora de la Ciencia Cristiana, incluyendo al Secretario Nathan Talbot y la Editora en Jefe, Mary Trammell. Su viaje espiritual ilustra tanto la curación universal que abraza la Ciencia Cristiana como la Iglesia que fundó Mary Baker Eddy.  Estos son algunos extractos del reportaje de Mary Trammell con el Rabino realizado para el programa radial del Sentinel.

 

Rabino Louis, ¿podría darnos una pequeña reseña de lo que ha sido su camino espiritual?  ¿Qué lo llevó a ser rabino?


Bien, yo nací judío en Peoria, Illinois, EUA, y mis padres me dieron cuanta educación judía estaba disponible.  Mis años de universidad fueron los años de la guerra de Vietnam, y yo estaba en una universidad muy importante que fue una especie de centro de turbulencia.  Había grandes movimientos populares de estudiantes, de búsqueda de las religiones orientales, y muchas personas volviendo a las religiones raíces.  Yo me acerqué a muchas de las diferentes religiones hasta que vine a la mía.  Estudié en el seminario para rabinos en Nueva York, y luego vine a Israel, me casé, y fui ordenado como rabino en el campo de la metafísica de la Cábala judía.  Estuve enseñando Cábala, y también trabajando como músico profesional.

 

Cuéntenos acerca de la Cábala.


La Cábala es un lenguaje para hablar sobre espiritualidad. En la música tienes 7 notas, y a través de las combinaciones de esas notas se hace toda la música. Al hablar de las cosas espirituales, la Cábala nos provee de un lenguaje. Hay 10 esferas. Podemos hablar de la completa materialidad, de la parcial materialidad, de la parcial espiritualidad, y de la completa espiritualidad. En este sentido la Cábala está en perfecta sintonía con la Ciencia divina, coincide con la completa espiritualidad en la cual la materia es reconocida como no existente.

 

¿Y cómo encontró usted, entonces, la Ciencia Cristiana?


Cuatro años atrás mi padre anciano estaba sufriendo de uno de los estadios de un cáncer terminal, y yo vine para estar con él.

Lo habían llevado a su casa, lo atendían 24 hs, y estaba conectado a tubos.  Salí para dar una caminata por el vecindario. Y había un cartel que decía Sala de Lectura de la Ciencia Cristiana. Y el letrero decía que la Sala de Lectura estaba abierta dos horas por día, y sucedió que yo estaba allí en el momento justo. Entré. En aquel momento, no sabía nada acerca de la Ciencia Cristiana en sí. Yo sabía de la existencia de la Ciencia Cristiana de mis tiempos de estudiante. Cada aeropuerto importante tiene una Sala de Lectura de la Ciencia Cristiana, entonces había tenido la oportunidad de mirar algunos libros. Y sabía que había allí algo con respecto a la curación. Bueno, me senté con una señora en la Sala de Lectura, y le conté acerca de mi padre. No recuerdo las ideas específicas que fueron dichas, pero volví a casa inmediatamente y le dije a mi padre: “Tú te vas a recuperar por completo”.

Cuando visité la Sala de Lectura, la gente de allí, maravillosa gente, no me estaba ofreciendo una suerte de ideas intelectuales. Eran la ternura y la oración, la atmósfera, la gracia.  Ahora, en retrospectiva, es claro para mí que probablemente esos Científicos Cristianos estaban orando.

 

Me gusta mucho la manera en que lo cuenta, que usted sintió la atmósfera, el amor, la curación, la oración.


Cada día volvía a la Sala de Lectura, y cuando llegó el domingo, fui al servicio. Al tercer día, mi padre se sintió animado y deseó comer. Él no comía desde hacía tres meses. Entonces comió yogurt y helado. En el cuarto día, quiso comer huevos revueltos y panqueques, y yo comencé a ir y venir del supermercado.

Para el quinto día se había levantado de la cama. Quiso ir a comer a la cocina. Con un andador y la enfermera con él, comió en la cocina. Para el sexto día ya estaba sentado enfrente del televisor en el living. En el sexto día decidió que quería ocuparse otra vez de sus asuntos. Él había dejado sus asuntos en manos de un abogado. Para hacer eso, tuvo que comprobar que ahora estaba en condiciones de hacerlo.

En aquel entonces fue a un hospital para realizar un chequeo durante el séptimo día. Caminó hasta el banco con su andador y caminó con el aplauso de todas las personas que estaban allí. Fue realmente un buen momento. Tenía ya sus asuntos nuevamente en sus manos. Volvimos a casa y recibimos un llamado del hospital diciendo que él se hallaba completamente sano de aquello que sufría. Y de hecho lo estaba. Vivió alegre y saludablemente durante un año más.

Y esta fue mi introducción a la Ciencia Cristiana. Todos sus doctores y la gente que lo había conocido vinieron a verlo a la casa, y se quedaron atónitos. Lo que yo realmente había presenciado fue una verdadera resurrección.  Esto cambió mi vida. Decidí que la Ciencia Cristiana es verdad y que yo intentaría encontrar qué era, la estudiaría, y dedicaría mi vida a ello. Y eso es exactamente lo que he hecho.

 

¿Cómo la ha estudiado?  Imagino que investigó en el libro “Ciencia y Salud con Clave de las Escrituras” por Mary Baker Eddy.


Al principio no. Yo no sabía acerca de Ciencia y Salud. Todo lo que sabía era acerca de la Sala de Lectura y que mi papá se había recuperado por completo. Volví a Israel y busqué en Internet.  Eventualmente me di cuenta de que la Ciencia Cristiana tiene su centro en Boston.

 

Boston es el lugar donde se encuentran las oficinas centrales de la Iglesia.  Pero la Ciencia Cristiana es un movimiento mundial. 


Pero yo sabía que Boston era el centro, y dije, ese debe ser el lugar para comenzar.  Entonces, algunos meses después, vine a este mismo edificio (La Sociedad Editora de la Ciencia Cristiana), y fui a la Biblioteca Mary Baker Eddy. Pedí ver a un practicista de la Ciencia Cristiana. Y alguien me indicó un centro espiritual de curación en la Avenida Massachussets, que está abierto al público. Se llama Soluciones a través de la Oración.

Allí hay un practicista de la Ciencia Cristiana, y cualquier persona es bien recibida para entrar y hablar con él o ella. Y eso hice. Hablé con el practicista allí, y él comenzó un tratamiento de oración por mí. Y nos mantuvimos comunicados por e-mail cuando regresé a Israel.

 

¿Y en aquel momento consiguió Ciencia y Salud?


Le compré uno al practicista. Y él me estuvo mandando pasajes de Ciencia y Salud.  Siguió conmigo durante estos primeros tiempos como un guía.

 

¿Y hubo algunos pasajes en particular de Ciencia y Salud que resonaron en usted?


Mi primer trabajo espiritual era resolver lo que parecía ser una dicotomía entre mi vida religiosa judía y mi profundo interés en la Ciencia Cristiana. ¿Cómo podían ser compatibilizadas estas dos cosas? Ciertamente en un nivel experimental era claro para mí, que sí podían ser compatibles. Pero debía tener alguna suerte de plataforma sobre la cual estar apoyada. Entonces puse mi atención en un pasaje que comienza al final de la página 360 de Ciencia y Salud con su explicación brillantemente metafísica y lógica acerca de cuál es el común denominador, la interfase entre la teología de la Ciencia Cristiana y la teología judía.

 

¿Nos leería ese pasaje?


“… hoy, el judío y el cristiano pueden unirse en doctrina y religión sobre la base misma de las palabras y obras de Jesús. El judío cree que el Mesías o Cristo no ha venido aún; el cristiano cree que Cristo es Dios. Aquí interviene la Ciencia Cristiana, explica esos puntos doctrinales, anula el desacuerdo y resuelve el problema. El Cristo, como la verdadera idea espiritual, es el ideal de Dios ahora y para siempre, aquí y en todas partes. El judío que cree en el Primer Mandamiento es monoteísta; tiene un solo Dios omnipresente. Así el judío se une a la doctrina del cristiano, de que Dios ha venido y está presente ahora y eternamente. El cristiano que cree en el Primer mandamiento es monoteísta. Así se une virtualmente a la creencia del Judío en un solo Dios y reconoce que Jesucristo no es Dios, como Jesús mismo lo declaró, sino que es el Hijo de Dios.”

 

¿Y qué significó, entonces, eso para usted?


Estamos mirando las tres palabras, Dios, Cristo y Jesús, desde tres diferentes perspectivas – desde la perspectiva de los judíos, los cristianos, y los Científicos Cristianos. Los cristianos agrupan a las tres en un solo grupo; Dios, Cristo y Jesús no tienen distinción. Jesús es Dios, el Cristo es Dios, el Cristo es Jesús etc. Esto es inaceptable para el pensamiento judío porque Jesús es un hombre. Nosotros no queremos deificar al hombre. Pero la Ciencia Cristiana toma esta lista -Dios, Cristo y Jesús- y los distingue de una manera única. Primero que todo, Jesús se diferencia de Dios.  Jesús era un hombre, el reflejo del Cristo. El Cristo en la Ciencia Cristiana es “el ideal de Dios ahora y para siempre”. El Cristo es la idea que tiene Dios del hombre, el hombre perfecto. Este es el concepto que también tiene el judío acerca del Mesías, el hombre perfecto. Entonces ahora vemos que la Ciencia Cristiana, la cual acepta que Jesús no es Dios, está perfectamente de acuerdo con el judaísmo, el cual dice lo mismo. Los judíos dirán: “Bien, entonces, ¿qué es el Cristo?  ¿No creen ustedes que es lo mismo que Jesús?” Y la Ciencia Cristiana dice: “No. El Cristo está en todos nosotros. Es eterno. Es el eterno pensamiento de Dios sobre el hombre”.

Cristo Jesús fue un rabino que guardaba los mandamientos judíos. Y ahora en mi vida, la Ciencia Cristiana está iluminando mi pensamiento metafísico judío, lo cual para mí, personalmente, es una cosa. Hay un solo Dios.

 

¿Qué cosa de la Ciencia Cristiana es lo que más toca su corazón?


Luego de conocer acerca de la Ciencia Cristiana, yo tenía algunas frustraciones que me perturbaban espiritualmente. Tenía un hijo rebelde.  Y yo respondía como un padre obstinado. Esto básicamente creaba una situación de muy serios distanciamientos por los cuales yo sufría enormemente, y estoy seguro de que él también. Una de las primeras cosas que comprendí en la Ciencia fue acerca del amor y del papel central que tiene el amor en la curación y en la oración.

Entonces hice para mí una sesión diaria, a veces durante horas, de quedarme a solas conmigo mismo en mi habitación y me dedicaba a amar a mi hijo. Yo ni siquiera sabía dónde él estaba. Yo simplemente le enviaba oleadas de amor a través del espacio espiritual. Luego de cierto tiempo, hablamos por teléfono, por primera vez en muchos años. Pasó un mes y volvimos a tener otra conversación, y entonces cenamos juntos. Nos abrazamos, y esto se fue. El distanciamiento se fue por completo.

 

¿Cómo reaccionó la familia ante su estudio de la Ciencia Cristiana?


Principalmente fue mi esposa la que vio lo que estaba sucediendo. Ella me vio regresar junto a mi hijo. Cuando este problema fue resuelto, ella estaba ya conmigo. Me animó para que regresara a Estados Unidos y buscara un Maestro de la Ciencia Cristiana.

 

¿Y la Clase de Instrucción Primaria le fue de ayuda?


Eso puso las cosas en un enteramente nuevo punto de equilibrio. Aportó claridad, una visión global de lo que es el alcance total de la Ciencia Cristiana. Hace poco, sentí la necesidad de hablar abiertamente con mis hijos acerca de la Ciencia Cristiana. Entonces hicimos una reunión familiar en la cual todos mis hijos mayores, mis seis hijos, y mis dos yernos y mi nuera y toda la familia, la familia grande, se reunieron. Estaban preparados para que papá les hablara. Les dije lo que había estado haciendo acerca de la curación. Les conté que de ninguna manera la Ciencia Cristiana interfiere con mi observancia judía. La Ciencia Cristiana es universal. Ilumina todas y cada una de las cosas. Si yo soy rabino, me convierto en un rabino iluminado. Si tú eres un hombre de negocios, serás un hombre de negocios iluminado.

 

O si tú estás en alguna otra religión también, ¿no es así?


La Ciencia Cristiana se extiende a todas las religiones porque es una meta-religión. Hasta donde sé, la Sra. Eddy no estaba interesada originalmente en comenzar una denominación religiosa. Ella pensaba que el mundo cristiano aceptaría las enseñanzas. Pero no fue así como ocurrió; el mundo no estaba aún preparado para tal cosa. Entonces comenzó la Iglesia de la Ciencia Cristiana. Pero la Ciencia Cristiana es universal. Y les expresé esto a mis hijos. Ellos me entendieron. Entonces todos estuvieron a mi lado. Mis yernos son rabinos. Uno es el principal de un seminario de rabinos. Mis dos hijos también son rabinos. Y todos ellos dijeron: “Inténtalo, papá. Todo está bien”. Fue hermoso.

 

Entonces, ¿usted siente que hay receptividad a la Ciencia Cristiana en Israel?


La única cosa sobre la cual yo tengo que ser cuidadoso, es acerca de este punto: que Cristo Jesús no es Dios. Una vez que esto se entiende, no hay problemas con la ley judía o su teología. La Ciencia Cristiana es única en esta comprensión. Israel en general está muy abierto a la curación. Yo estoy seguro de que la voluntad de Dios dará la comprensión acerca de lo que es la curación en Israel, y esto promete ser una cosa verdaderamente gloriosa.

 

¿Cuál ve usted que es el rol de la Ciencia Cristiana en el mundo entero?


La Ciencia Divina es la revelación infinita de los pensamientos de Dios en una manera que cualquier ser humano, cada mujer o varón que lo desee y tenga el deseo de dedicarle tiempo y esfuerzo al estudio, pueda entender. Tenemos, como lo declara Mary Baker Eddy tan bellamente, la “consciente, constante capacidad” de comprender a Dios. Somos todos profetas de Dios, en el sentido de que todos podemos escuchar Su palabra. Él nos habla todo el tiempo a todos. Nosotros sólo tenemos que aprender cómo oír Su lenguaje. También tenemos que aprender cómo orar. El deseo de la bondad, el deseo de la bondad infinita, es oración. Dios mismo tomará tu deseo y lo elevará y lo transformará en oración. Ese es Su trabajo.

 

Eso tiene implicancias importantes para la paz mundial -y para la paz en Medio Oriente.


Absolutamente. El Medio Oriente tiene la característica de ser una especie de microcosmos del mundo entero. Israel mismo es un microcosmos – todas las religiones, todas las civilizaciones, todas las culturas en el mundo están allí condensadas en un país que no es más grande que el área del gran Boston. Pero si la Ciencia Cristiana llega a ser comprendida entre la gente judía, y la gente cristiana, y los árabes, y la gente del Islam en nuestra región del Medio Oriente- entonces este es un buen laboratorio para que sea entendida en el mundo entero. Hay un solo Dios, una Verdad, una bondad.  Y la Ciencia es la Ciencia: es científica.

 

¿Y cuál ve usted es su rol como Científico Cristiano que a su vez es rabino?


Ciertamente mi meta inmediata tiene dos facetas. Una, volver a casa, Israel y tomar todo lo que he aprendido y vivirlo en Israel. Y en una manera silenciosa, simple, cordial, buscar oportunidades para decir una buena palabra. Los chicos están realmente listos para esto en Israel. Tienen una gran liberalidad en materia espiritual, y son grandes investigadores.

Y el otro aspecto de mi interés es hablarles a los Científicos Cristianos, el cual es un mundo totalmente diferente, ya que ellos ya conocen la verdad y la Ciencia. Yo les quisiera hablar a los jóvenes Científicos Cristianos, y alentarlos, mostrándoles cuán vasto es el instrumento de comprensión que tienen para cualquier carrera que sigan. Mary Baker Eddy tocó este punto, que nadie, nadie ha tocado. Yo estudié metafísica durante 40 años. En mi visión, no puede existir paz mundial sin una comprensión de los escritos de Mary Baker Eddy, su vida -por lo que ella atravesó.  Entendiendo estas cosas, tú te estás uniendo a la expresión única del pensamiento de Dios para nuestros tiempos en el más moderno, el más inmediato sentido. Yo estoy verdaderamente dedicando el trabajo de mi vida a hacer que este punto sea claro para la gente de mi país y para los rabinos que trabajan conmigo.

Y lo mismo es verdad para los Científicos Cristianos que ya conocen esta hermosa Ciencia.  Ellos también deberían apreciar lo que tienen. La gente joven puede que no vea el gran regalo que ellos ya tienen en sus manos. Entonces yo enfatizaría cuán precioso es el trabajo de Ciencia y Salud con Clave de las Escrituras. Cuán precioso y valioso es para la culminación de las aspiraciones de toda la humanidad. Es la ley de Dios.

 

Video 1 de la entrevista en inglés  (3′45″)

Video 2 de la entrevista en inglés  (4′20″)

 

 


Traducción libre del artículo publicado en el The Christian Science Sentinel del 11 Mayo de 2009, titulado “A rabbi talks about Christian Science”.

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